


Pocos aspectos nos estimulan tanto como la mejora de su protección. Con la invención del habitáculo de seguridad en los años cincuenta, Mercedes-Benz estableció un primer hito en la búsqueda de la seguridad integral. En la actualidad no es sino una pieza más dentro de PRO-SAFE™, el concepto integral de seguridad que nos aproxima a nuestro objetivo prioritario: una conducción sin accidentes.
Según PRO-SAFE™, la seguridad automovilística se divide en cuatro fases. En la fase de conducción segura, el vehículo asiste al conductor anticipándose a las situaciones críticas y reaccionando adecuadamente. En una segunda fase, en caso de peligro, se activan una serie de medidas de prevención que contribuyen a reducir el riesgo de lesiones. De producirse un accidente intervienen numerosos sistemas de seguridad pasiva con vistas a proteger a los ocupantes de forma efectiva. Por último, en la fase posterior al impacto se llevan a cabo otras medidas encaminadas, por ejemplo, a facilitar el rescate.

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